Hay algo profundamente movilizante en que la conferencia anual de la Memory Studies Association (MSA) haya tenido lugar este año acá, en Buenos Aires. Discutir sobre memoria, archivos y pasados traumáticos en Argentina nunca es un ejercicio abstracto; hoy, menos que nunca. En un contexto donde los consensos democráticos más elementales están siendo puestos a prueba a diario, el congreso se sintió menos como un evento académico formal y más como un espacio necesario de trinchera y pensamiento colectivo.
Entre el ir y venir diario a la Ciudad, las conversaciones de pasillo y el café compartido, presenté los avances de mi investigación: «Itinerarios de la desmemoria: circulación de imágenes IA y reapropiación del “Nunca Más” en el ecosistema digital negacionista».
La batalla cultural en el terreno visual
Mi trabajo parte de una inquietud urgente: en los últimos años, América Latina asiste a una reactivación explícita de discursos negacionistas y al auge de proyectos de ultraderecha. En Argentina, este fenómeno no solo trasladó su campo de acción al entorno digital bajo la lógica de la «batalla cultural», sino que encontró en las plataformas una fábrica cotidiana para erosionar la memoria colectiva y abrir grietas en el repudio histórico al terrorismo de Estado.
A través de una aproximación etnográfica digital, me enfoqué en un caso puntual pero elocuente: los materiales visuales que circularon a partir del acto de campaña de La Libertad Avanza en la Provincia de Buenos Aires (agosto de 2025). Allí se condensaron dos operaciones visuales que considero nodales:
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La captura y vaciamiento de los símbolos: La reapropiación de la consigna y el logotipo del «Nunca Más», ya no como pacto democrático frente al horror, sino como herramienta electoral arrojada contra la oposición («Nunca Más al Kirchnerismo»).
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La monstruosidad algorítmica: La proliferación de imágenes generadas por inteligencia artificial que representan al adversario político bajo la figura deshumanizante de «zombies».
Apoyándome en la noción de agencia relacional de las imágenes (siguiendo a Alfred Gell), busco mostrar que estos artefactos no son simples ilustraciones o memes inocuos: son operadores activos en la vida social. Actúan, circulan, normalizan estéticas de odio y moldean las relaciones de poder, proyectando horizontes políticos excluyentes donde el otro deja de ser un adversario para convertirse en un cuerpo desechable.
Debates necesarios en el MSA
Presentar esta ponencia en el marco del MSA disparó preguntas y cruces fundamentales con colegas de distintas partes del mundo:
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¿Cómo responde el campo de los estudios de memoria al vértigo de la IA generativa? Gran parte de las teorías sobre archivo y testimonio fueron pensadas para soportes analógicos o para la web temprana; hoy nos enfrentamos a imágenes sintéticas diseñadas específicamente para saturar el algoritmo y alterar la percepción en tiempo real.
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El agotamiento y la resistencia: Frente a la violencia estética que busca deshumanizar y banalizar el terror, ¿cuáles son los nuevos repertorios de resistencia visual que podemos imaginar y sostener?
El intercambio en las mesas dejó en claro que la memoria no es un monumento fijo que se contempla, sino una disputa viva que hoy se juega tanto en las calles como en el feed de las redes.
El viaje, el afecto y el deseo
Más allá de las ponencias y las discusiones teóricas, los congresos tienen su propia geografía afectiva. Recorrer la ciudad todos los días para llegar a cada jornada fue también registrar las marcas del presente.
Hacer investigación en ciencias sociales en estos tiempos puede ser agotador y, por momentos, desolador: rastrear archivos de odio e imágenes negacionistas exige poner el cuerpo y la cabeza en lugares ingratos. Por eso, reencontrarse con compañeres, debatir con pasión y sentir que una no está sola en estas preguntas renueva todo el impulso.
Me quedo con esa certeza: frente a discursos que promueven la crueldad y la desmemoria, investigar, juntarse y construir sentido colectivo sigue siendo un acto impulsado estrictamente por el deseo y el afecto. Y todo lo que se hace desde ahí, sin dudas, cobra otra fuerza.










